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El cultivo de cítricos se lleva practicando desde tiempos inmemoriales. Antes de su llegada a Europa, hacia el 310 a.C, los pioneros occidentales en la exploración de Asia, quedaron maravillados con sus olores y sus flores, eran del grupo de las cidras y provenían de la región comprendida entre el sur de China y la India, y ellos fueron los encargados de extender estos árboles a lo largo y ancho del planeta.

El origen de los limones, uno de los cítricos más conocido y empleados para la cocina, es totalmente desconocido y se especula con la teoría de que se trata de un híbrido entre la cidra y la lima. La naranja dulce, que es uno de los postres más famosos en la gastronomía española, tuvo su origen en el sudeste de China y, como hipótesis más acertada, se cree que fueron los romanos los que exportaron el fruto a Occidente. Por otra parte, la naranja agria es original del sudeste asiático, probablemente de la India.

Los españoles llevaron los primeros cítricos a América, concretamente Colón llevo el limón como primera fruta y en el segundo viaje las naranjas. Posteriormente muchos emigrantes llevaron diferentes especies y variedades. En 1653 Bernabé Cobo escribió que en Perú había de todas las variedades de naranjas que existían en España, algunas dulces y otras agrias, así como limones y limas agrias y dulces de gran fragancia. Los limones grandes llamados reales no eran tan abundantes como los más pequeños llamados ceutíes.

A mediados del siglo XVI los cítricos estaban ampliamente difundidos por todo América. Especialmente sabrosas son las limas americanas.

Los cítricos han posibilitado la confección de numerosos platos en America entre los que destaca el Cebiche.