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Del lat. olīva

De Sevilla parten los primeros olivos hacia las Antillas donde no fue posible su aclimatación y después se llevan al continente. Se introdujo principalmente a lo largo de los siglos xvi y xvii; la llegada al Perú y México tuvo lugar alrededor de 1560 y en California hacia 1769, los olivos no prosperaron en México, pero en el Perú si se consiguieron extensiones importantes.

En el Archivo de las Indias, en Sevilla, hay muchos datos que se refieren a las plantaciones de olivos que llevaron las expediciones españolas. Al parecer los aztecas desconocían los aceites a juzgar por la admiración que les causaba el empleo de las lámparas de aceite de oliva para iluminar la noche.

El olivo llegó de México a Perú; a finales del siglo XVI ambos países disponían ya de olivares en producción. A Chile el olivo llegó desde Perú. En Argentina el cultivo se inicia en el siglo XVI a partir de unas plantaciones llevadas por los colonizadores españoles, en tierras argentinas de los que son hoy las provincias de La Rioja y Catamarca, los olivos se adaptaron perfectamente y todavía en Arauco pervive un gran olivo, el llamado “olivo viejo” u “olivo de Arauco”, que se plantó en tiempos de Carlos III.

Fray Junípero Serra llegó a la bahía de San Diego (California) en 1769 y fundó su primera misión, llamada misión de San Diego de Alcalá. Poco tiempo después se plantó el primer olivo y en los siguientes 54 años los padres franciscanos y los indios conversos que los acompañan, plantaron olivos en las 21 misiones que establecieron a lo largo de toda la costa californiana.

Actualmente el cultivo del olivar se extiende por todos los países cuyo clima lo permite. Hoy en día puede encontrarse principalmente en California y en distintas partes de Sudamérica. La producción total de Aceite de Oliva en la tierra está en constante crecimiento desde principios del Siglo XX.