Epicentro político y económico del país y sede administrativa del MERCOSUR, la capital uruguaya es un espacio que exhala historia, con recuerdos de su fundación y de la llegada de familias de Argentina, España e Italia.

Es una ciudad que vive entre la playa y el campo, con una gastronomía que refleja el intercambio cultural que ha vivido. En su recetario, de clara influencia argentina, abundan las carnes, transformadas en asados y parrilladas, el choripán, el chivito, la milanesa, las empanadas, los populares panchos (los perritos calientes) y las pastas.

Un acervo que se puede probar en Jacinto, de la chef Lucía Soria, en la Ciudad Vieja; en La Fonda, de Mario Mori, con sus vegetales orgánicos; o en Estrecho. 

Marcelo Risi, director de comunicación de la Organización Mundial del Turismo, asegura que el Mercado del Puerto, inaugurado en 1868, es “una cita obligada” cada vez que vuelve a la ciudad y donde, curiosamente no se come pescado sino carne.