La capital portuguesa es una de las más deseadas de Europa, con sus singulares barrios, la plaza del Comercio, sus tranvías y tuctucs.

Gastronomía del bacalao y la langosta, de quesos y vinos, todo transcurre a un ritmo suave: el del fado.

Debemos visitar a José Avillez, en Belcanto, creador de otros restaurantes en la ciudad; también Alma, de Henrique Sa Pessoa; Eleven (de Joachim Koerper); Feitoria (João Rodrigues); Loco (Alexandre Silva); 50 Seconds (Martin Berasategui) y Epur (Vincent Farges). Y a los cercanos La Fotaleza de Guincho, en Cascais, y LAB, en Sintra, de Sergi Arola.

José Bento, presidente de la Academia Portuguesa de Gastronomía, asegura que, de las 1001 maneras de cocinar bacalao, no hay que perderse los pastéis o el bacalhau à Brás, las sardinas asadas en verano, ni los petiscos (tapas) lisboetas.

Para beber, vinos de la región de Lisboa y vinho do Porto y la ginjinha (licor de guindas). Y para rematar, “la dulcería más pecaminosa del mundo”, encabezada por el pastel de nata o de Belém.