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Ciudad salpicada por bellas casonas coloniales, muchas de ellas sede de museos e importantes instituciones culturales, como la Casa Aliaga o el Palacio de Torre Tagle, merece un recorrido pausado por su casco antiguo. Sin olvidarnos tampoco del barrio del Rímac, con su Alameda de los Descalzos o la Quinta de Presa. Miraflores y San Isidro son, por su parte, los grandes distritos residenciales y los museos de Arte y de Arte Italiano las dos grandes alternativas museísticas.

Lima es una de las grandes capitales gastronómicas del planeta, repleta de coloristas mercados de frutas y de pescados, como el del Callao. Al fin y al cabo, desde Perú llegó a Europa la papa, argamasa de la cocina mundial, de la popular y la palaciega.

El Inca Garcilaso de la Vega dejó constancia en sus crónicas de otras aportaciones peruanas a la nutrición universal: los frejoles (alubias), el maní (cacahuete), el zapallo (calabaza), los tomates, el ají (guindilla), la palta (aguacate) o el maíz. Ingredientes a los que se ha incorporado, con fuerza, ese cereal mágico sudamericano llamado quinua.

De la cocina limeña propiamente dicha, que ha dado al mundo una receta tan extraordinaria como la causa, se pueden reivindicar también potajes y guisos como el ají de gallina, el seco de cabrito o de cordero, los anticuchos, los tiraditos, los chupes o las papas a la huancaína, al margen del cebiche, receta peruana y universal por excelencia (solo en Lima se cuentan alrededor de 13.000 cebicherías); o la cocina chifa (china-peruana). A la hora de beber, la chicha y, sobre todo, el pisco. En la noche limeña, discotecas y peñas se disputan la diversión por todos los barrios de la ciudad y buscan el mejor pisco sour.