Capital de la Coctelería Iberoamericana, es una de las más bellas ciudades de Iberoamérica. Pasear por La Habana es conseguir que el tiempo se detenga de golpe (porque se relaciona muy mal con las prisas) para disfrutar de la cocina cubana.

Maíz, yuca, ajíes y algunas raíces son ingredientes esenciales, junto con el cerdo; los moros y cristianos (frijoles y arroz) y otras recetas de sus paladares (restaurantes).

No se concibe visitar la ciudad sin tomar un daiquiri en Floridita –que Hemingway popularizó– visitar Sloppy Joe’s Bar o La Bodeguita de Enmedio, por su legendario mojito. La Guarida combina cocina internacional y criolla y Atelier destaca por su cocina autóctona en una espléndida terraza.

Conversamos con Jorge Méndez, presidente de la Cátedra Cubana de Gastronomía y nos contó que La Habana “es un compendio identitario del país”.

Entre los platos destacan la ropa vieja, la vaca frita y el picadillo a la criolla, el ajiaco, el potaje de frijoles negros, pescados y otras “bondades de los mares tropicales”.