Bajo el título “Comer bien tiene efectos secundarios”, la Academia Iberoamericana de Gastronomía (AIBG) ha lanzado una campaña publicitaria que pretende volver la vista hacia la experiencia y las emociones positivas que nos genera la comida.
Centrada en las personas, la campaña presenta una serie de rostros vistos de cerca, sin mostrar más detalle que el propio gesto de alguien que está disfrutando con la comida. Instantes que evocan emociones positivas como el placer, la sorpresa, la gratitud, la curiosidad o la misma felicidad. Porque sí, la comida puede generar sentimientos de felicidad y emociones que perduran, incluso, toda la vida.
Efectos fisiológicos, psicológicos y sociales
Lo cierto es que la comida genera efectos positivos por diferentes razones fisiológicas, psicológicas y sociales. Cuando comes algo que te gusta, tu cerebro libera sustancias relacionadas con el placer como la dopamina, la serotonina o las endorfinas.
Pero no todo se reduce a lo que comemos, que esté rico o que la presentación sea atractiva. La comida activa recuerdos y emociones, asociando sabores y aromas con momentos específicos de nuestra vida. El guiso de la abuela en la infancia, el vino que compartimos aquella noche especial, una tortilla de patatas en mitad del campo o esa mariscada con amigos a orillas del mar. No son solo platos, son recuerdos, emociones que vivimos en un momento determinado y que pueden regresar con solo percibir un sabor o un aroma –de hecho, la memoria olfativa es la que más permanece en el tiempo–.
Además, comer es un acto social: nos reúne y nos permite compartir no solo alimentos, sino también historias, emociones y experiencias. En definitiva, compartir mesa fortalece la conexión social, uno de los mayores predictores de bienestar.
La mesa es, en muchos sentidos, uno de los escenarios más antiguos de encuentro humano. Porque la gastronomía es un lenguaje universal, algo que nos une y que es capaz de conectar a las personas en todo el mundo, independientemente de su procedencia.
Más allá del placer: salud, solidaridad y sostenibilidad
El proyecto incluye piezas de publicidad exterior en más de 200 MUPIS de JCDecaux repartidos por todo Madrid, un spot promocional y creatividades en redes sociales. Todo ello con un doble objetivo: incitar a la reflexión sobre la importancia de la gastronomía y dar a conocer las actividades de la Academia, que tiene entre sus principales fines promover una gastronomía saludable, solidaria, sostenible, satisfactoria y social.
“La gastronomía, la alimentación, ha sido siempre una necesidad básica, pero con el tiempo se ha convertido, con sus múltiples dimensiones, en una las actividades más importantes para el ser humano desde el punto de vista cultural, económico, turístico, medioambiental o incluso artístico”, explica Rafael Ansón, presidente de la AIBG.
A menudo, damos por hecho cosas tan esenciales como tener un plato de comida en la mesa todos los días. Pero no hay que olvidar que detrás está el esfuerzo de toda la cadena alimentaria, desde la producción, pasando por la industria y la distribución hasta los restaurantes. Y que aún queda mucho trabajo por hacer, para asegurar que la tierra y el agua sigan dando alimentos en el futuro y que todo el mundo tenga acceso a una alimentación saludable, suficiente y segura.
La importancia del factor humano
Con esta campaña, realizada en colaboración con Burns The Agency y JCDecaux, la Academia Iberoamericana de Gastronomía ha querido transmitir la importancia del factor humano en el acto de comer, y cómo la gastronomía puede mejorar la vida de las personas desde un punto de vista psicológico y social.
“Nos hemos querido centrar en las personas y en su relación con la comida, desde una mirada positiva, amable, evocando algo tan primario y genuino como son las emociones”, señala Carla Alexander, codirectora de Burns The Agency.
Una campaña que despierta sentimientos casi infantiles, recordando la facilidad que tienen los niños para sorprenderse y disfrutar de los pequeños placeres.
Porque a veces, la felicidad no es algo enorme. A veces, la felicidad está justo ahí… en la mesa, esperando el siguiente bocado.


