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La capital panameña es una urbe centroamericana cosmopolita, en la que convergen la modernidad de grandes obras arquitectónicas, con el Canal y el sabor colonial de estrechas calles adoquinadas.

Decretada Ciudad Creativa de la Gastronomía por la Unesco, gastronómicamente hablando es producto de la influencia multicultural que ha dado origen a una cocina criolla y afropanameña.

Tubérculos como la yuca, el ñame y el ñampí; pescados y productos del mar; plátano; leche de coco; frutas tropicales y vegetales son los principales productos de los recetarios locales, en los que abundan platos como el sancocho de gallina, los tamales, las carimañolas, las tortillas de maíz amarillo o los almojábanos.

Para beber, destilados de caña de azúcar (como son sus preciados rones y el seco); sin perder de vista los “raspaos”, que son bebidas refrescantes a base de hielo rallado con diferentes sabores de frutas, y el café.

Cocineros referentes han sido Charlie Collins o Cuquita Arias y, de las nuevas generaciones, Mario Castrellón quien, desde su restaurante Maíto, reivindica la despensa local. Le acompañan José Olmedo, al frente de Donde José, y Carlos Alba, de Íntimo, junto a chefs extranjeros como Andrés Madrigal (Laboratorio Culinario), Álvaro Perrino (Azafrán) o Fabien Migny (Tanino). Aunque, no hay que olvidarlo, también hay una ciudad bulliciosa llena de fondas, tabernas y food trucks.