La capital más antigua de América ha crecido, a lo largo de los siglos, sobre la antigua Tenochtitlán y está llena de espacios emblemáticos, como la Plaza del Zócalo, la Torre Latinoamericana, el Parque de la Alameda, el Paseo de la Reforma o la Plaza Garibaldi, además de los murales de Rivera, Orozco, Tamayo y Siqueiros, repartidos por la ciudad, y el museo de Frida Kahlo.

Ciudad de México es también una de las grandes capitales gastronómicas del mundo, con una cocina –Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad– donde conviven elementos indígenas, americanos y europeos. Va mucho más allá de los chiles, emblema nacional, pues se construye a partir de otros productos, como el cacao, el maíz, el tomate, el aguacate, la vainilla, la calabaza y gran variedad de frutas y semillas comestibles, que enriquecen la diversidad de estados como Puebla, Veracruz, Oaxaca, Yucatán o Guanajuato, Capital Iberoamericana de la Cultura Gastronómica en 2015 y que siempre merece una escapada.

Grandes recetas mexicanas son el mole poblano o la cochinita pibil y otras protagonizadas por el huitlacoche (hongo del maíz), los escamoles, las tortitas estilo Oaxaca, los pescados a la veracruzana o postres a base de coco y chocolate. También el guacamole o el pico de gallo y las grandes bebidas del país y de la ciudad son el tequila, el mezcal, la cerveza y el pulque.

Pero, nos cuenta Roberto Ruiz, de Punto MX, “no has ido a Ciudad de México si no has comido tacos al pastor, tacos de carnitas ni quesadillas”.